TINTA PRETA, de Eloísa Otero

Tinta preta, de Eloísa Otero, 1. PortadaAugust 24, 2008 10:28 pm

Portada de 'Tinta Preta', de Eloísa Otero

Tinta preta
© Eloísa Otero, 2008

Edita: Mikado Libroblogs
Nº 5 de la Colección Traviesas de Poesía

Prólogo: Esther Ramón
Portada: Juan Rafael Álvarez
Al cuidado de esta reedición: G. Arenas

2ª Edición: León, agosto de 2008
(La 1ª edición se publicó en ‘Provincia’, Colección de Poesía - CXVIII. Instituto Leonés de Cultura. Diputación Provincial de León. Junio de 1999) 

 

2. Sobre Eloísa Otero 10:27 pm

 

    ELOÍSA OTERO (León, 1962) es periodista. Tiene publicados dos libros de poesía en la ‘Colección Provincia’ del ILC, Cartas celtas (1995) y Tinta preta (1999). Aparece incluida en distintas antologías, como Ellas tienen la palabra, de Noni Benegas y Jesús Munárriz (Hiperión, 1997), o De los ojos ajenos. Lecturas de Castilla, León y Portugual, de Miguel Casado (Junta de Castilla y León, 1999). Ha traducido al castellano, junto a Manuel Outeiriño, dos libros del escritor gallego X. L. Méndez Ferrín, Con pólvora y magnolias (Hiperión, 1994) y Contra maquilero (Arte y Literatura. La Habana, Cuba, 2008).

 

3. Prólogo / Reseña de Esther Ramón 10:27 pm

 CASI SIN VOZ

Esther Ramón

    Difícil —extraño— el pulso que mantienen algunos poetas con el silencio. Rimbaud, Ingeborg Bachmann, Hugo von Hofmannsthal … de todos ellos nos llegó el eco de un silencio deseado.

    Nos llegó un eco como si de un alto grado de clarividencia se tratara, como si la auténtica poesía tuviera que irse afinando hasta desaparecer o el truco consistiera en borrar poco a poco los trazos para poder leer "la escritura anterior a la palabra".

    Al igual que en la Carta de Lord Chandos de Von Hofmannsthal, Eloísa Otero (León, 1962) se enfrenta en su último libro —Tinta preta, editado por el Instituto Leonés de Cultura— cara a cara con la escritura, planteándose, sopesando palmo a palmo su necesidad, su validez. Se trata de un combate desigual, pero en un principio amistoso: el bando del silencio gusta aún de brindarle témperas suaves a su adversario ("Garrapateo. / Los dibujos son para que recuerdes"). Aunque con la lucidez cunde el desánimo ("Para qué contar, en realidad").

    Sin duda, el camino se allanaría si el despojamiento ("saber de todo, / desde el principio hasta el final / sin estar en todo") soñado, trascendiendo los límites de la escritura, representase la puerta, la llave que abriese lo ajeno, pero lo que resta es sólo la fórmula. Aplicada inútilmente. "Sigo sin saber, a fin de cuentas, / quién es alguien para alguien".

    A lo largo del libro se va desarrollando, más que una lucha, una especie de cortejo, donde ambas partes se acercan tanto que a veces llegan a confundirse. El silencio ("Él habla de lo que le pasa. O no habla"). La escritura (" / Ella, de lo que podría llegar a pasar"). El papel en blanco es aquí el lienzo donde la creación se busca y se reencuentra, limpiando sus pinceles en un autorretrato diligente pero borroso. Donde las sílabas son arpones lanzados a oscuras "a la espera de que la situación tome verdadero cuerpo / —o falso— y que se clarifique".

    El narrador se plantea la doble trampa: por un lado la escritura es una terapia, un alivio ("Aquí llueve menos"). Un sitio donde refugiarse, donde no sentir. Una especie de medicina, la más eficaz "pero hay otros fantasmas / como que cuando dices tu miedo / el miedo se cumple".

    "Dolmen, mámoa, petroglifo". Magia arrojadiza que se desliza entre los dedos, que invoca un despertar, o tal vez un adormecimiento. Las palabras son de nuevo piedras de colores arrojadas a un pozo que se seca sin remedio.

    Y así, en ese vaivén vamos llegando a la última parte del libro, en la que el silencio gana literalmente terreno: las estrofas se acortan, los versos se afilan como un lápiz que se prepara para escribir con extrema claridad las últimas palabras. Una cuerda podrida de cuyos extremos los competidores siguen, aunque exhaustos, tirando hacia un final que se precipita, que adivinamos muy pronto. ¿Vencedor?: el silencio ("traspaso el umbral / me cuelo en ese espacio donde el sonido no circula / y el pensamiento es sueño que ni se pronuncia"). Pero sólo la escritura ha sido capaz de conducirnos ante él.

Esther Ramón

(Reseña publicada en la revista El Crítico, en 1999) 

Tinta preta, de Eloísa Otero, 4. Citas 10:27 pm

Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquel de quien se habla
calla.

H.M. ENZENSBERGER
(Nuevos motivos por los que los poetas mienten)

 - - -

El pasado ¿queda atrás? ¿o
inevitablemente sigue
formando parte de tu vida?

Tirar del hilo. Me aconsejas tirar del hilo.
Qué podría decirte ahora, después
de tantos años sin saber.
¿Era así y aquí donde teníamos que reencontrarnos?
En plena fase interrogativa
te desconozco.

 

 

Tinta preta, de Eloísa Otero, 5. Calamita (piedra imán) 10:25 pm

CALAMITA (PIEDRA IMÁN)

- - - 

    Cuando se dice que el viejo Z. fue una vez escritor y que después de su Novela indefinida no escribió nada más, no significa que no escribiera nada. Al contrario, escribía incansablemente aunque no escribiera nada. Copiaba las cartas de su mujer, que le había abandonado cinco o seis años antes, después de casi una vida compartiendo con él la misma habitación. La obra radical y enferma de amor que Z. creó en su vejez consistía en reproducir la letra de su mujer en imitaciones cada vez más sutiles. A través del movimiento de la escritura de ella, Z. aprendió a hacer suyos el movimiento de su mano, el movimiento de su brazo, el movimiento de todo su cuerpo, y por fin el movimiento de su pensamiento y de su sentir. Las cartas de su mujer —los originales no sobrepasarían la docena— llegaron a repetirse en infinitas, innumerables copias que al final eran tan perfectas que el mismo Z. era incapaz de distinguirlas de las cartas escritas por su mujer, y así las había perdido.

BOTHO STRAUSS
(La dedicatoria)

- - -

 

Te escribe a este buzón tan poca gente como a mí. Te escribo por tanto para que no tengas excusa para no contestar y no me ganes a cartas recibidas (aquí).

Existe otra solución posible: puedes escribirme a tu nombre siempre y cuando se te ocurra poner el mío en el remite.

- - - 

 

Hay cosas que se vuelven casi una historia
de subordinación
(una trama de personaje y frase
subordinada
a lo pequeño y hueco).
De ahí la búsqueda de gestos
que restituyan,
para los sentidos,
una vida normal
—desde la forma misma
de lo normal sin normas—
.

Seguir los consejos de W. Benjamín:
escribir, anotar algo cada día.
Pero las cartas —dices tú—
son mucho mejores cuando ya no queda nada
que contar.

(…) Garrapateo.
Los dibujos son para que recuerdes
Las noches de la luna llena:
quien tiene dos casas pierde la cabeza.
quien tiene dos amores pierde el corazón
.

 

Cambiar la casa, el cuerpo, la escritura.
Y al cabo de los días,
después de tanta glorificación de vitalismos raros…
la normalidad resulta algo tan extraño
que la fuerza,
nacida de procesos difíciles de desatar
—el culto estúpido a la aceleración—,
convence sólo a la línea simple del exilio interior.

 

Pero los días no se diferencian mucho
unos de otros
Podría parecer como un lamento
en la quietud aburrida
y no deja de ser así lo que sucede.

Ya no sé si sólo será el gesto,
pero la vida pasa alegre y lenta
como la calma que debe preceder al más aburrido
de los a gustos,
y los días se suceden
sobre una fina lámina, sin roces
obsesivos, anticipantes,
sin una pequeña reseña noticiable
digna al menos de leve comentario
por tu parte o la mía.

 

En ese fatídico día nos une la tristeza,
la mala suerte por estas fechas.
 
He pedido papel para escribir
y espero que la letra no me traicione demasiado
(la buena letra es el disfraz de las mentiras, ¿recuerdas?
y yo siempre avergonzada
de esta letra
en la que me siento más desnuda que sin ropa,
sin aliento).

 

Para qué contar, en realidad,
que no hay nadie a quien llamar
(y por eso se escribe,
generalmente es así como se escribe
hasta que uno descubre
el placer de escribir
—: qué te sucede y les sucede a otros—),
por no tener a nadie a quien decirle nada.—

 

Te pienso al escribir, en cada frase,
sin ritos literarios.
Es estúpido cómo quiero saberlo todo.
Más estúpido aún lo que me gustaría
saber de todo,
desde el principio hasta el final,
sin estar en todo.

Quien sabe algo de alguien
(algo para alguien)
es
—informativamente,
sígnicamente,
evidentemente,
envidiablemente—
alguien para alguien.

Sólo sé lo que al final ha quedado
(la información que resta,
que resté
de lo que fue).
Cercanía de errores que siempre me siento
tentada
a corregir
Sigo sin saber, a fin de cuentas,
quien es alguien para alguien.

 

Me pone triste aún hablar contigo,
afrontar la realidad con hilos.
Lo evito unas horas,
cuento los días sin llamar,
sin decidirme.
Recuerdo las ganas de poner fin
—deseando a mitad de camino los términos—
que se me debieron así quedar pegadas.

(Fuera la cosa como fuera,
dentro de poco
quedará
tan poco que decir
que tendremos que acabar
plantándonos).

 

Supongo que todavía merece la pena contarte las cosas:
aún no están tan mal
como el desánimo.
Siempre me toca decir que ya queda muy poco,
que está por arreglarse.

Si será madurar mirar las cosas,
compararlas
sabiendo que no se rigen por el mismo valor.

Elegir lo peor, sacrificarle
lo que vale más.



 

Leer y escribir.
Escribir comienzos y acabar tirándolos.
El comentario del corto verano que nos vive.
La explicación más clara
no nace de renunciar a no seguir…
sino al contrario,
de comenzar a hacerlo.

En cuanto a todo aquello que debiera ser contado
sólo una referencia más:
hablarte como te hablo.

 

¿Como negar la libertad a alguien
que te ha dedicado los mejores años de su vida?

Él habla de lo que le pasa. O no habla.
Ella, de lo que podría llegar a pasar.


 

Demasiado cordial
(el encuentro).

Contarle, lentamente,
con la calma que da ir recorriendo la ciudad
despacio,
decirle al fin que no confundo,
que iré, que sé.

Que el pasado está ahí, para disfrazarlo
de la misma manera que el presente.

Y que para explicar
la historia
quizá sólo hacen falta formas inteligentes de mirar
las cosas,
desligados de lo que deba ser.

Algo
al final
tan fácil como que todo tiene “tanta historia”
que lo nunca imparcial acabará
haciéndonos
recorrer las calles
como calles concretas.

 

Si los individuos definen una situación como real,
las consecuencias son reales.

(Teorema de THOMAS)
 
"Cuando el miedo surge detrás de ti,
se agolpa
y va tomando forma".
Dejar pasar las cosas, simplemente…
(esas cosas).
 
 
Tinta preta, de Eloísa Otero, 6. Amigos de sal 10:25 pm
 
AMIGOS DE SAL
 
- - - 
Encendió una lámpara y la luz le acentuó las arrugas.
A. LOBO ANTUNES
 

Sesión de fotos antiguas.
El verano, la lluvia, las tardes en las pozas.
Todos recordamos hoy tiempos muy remotos,
invocamos al pasado,
asistió a la reunión.

Pura coincidencia: entre tú y yo
un lápiz alpino ya pequeño,
la punta afilada con una navaja
y el borde superior mordido, regaliz
de palo.

Y dices tú que las historias
no siempre son la misma,
pero nadie se liga nunca a algo (alguien)
tan distinto
que no parezca siquiera comprensible.

Extrañamente colocados
en mitad de las palabras
y de las horas
pulso
aquí
las casuales coincidencias.

Desolada:
con descuido el jardín,
la hojarasca…

Tantas horas pasamos ante el fuego
que acabamos volviéndonos ceniza.

Entrar en depresión
olor a pies
el humo que se entretiene traspasando la lluvia.

El origen de algunas angustias
permanece a buen recaudo
en el interior de una caracola.
El dolor que descubrimos
encallado ahí
echa humo como una víscera caliente.

Dilucidar:
qué pasa por ahí
y qué hago yo con semejante reliquia marina
invernando.

Se me ocurre cocer al gran bígaro
en agua de carabaña con laurel
ahogar a todas las crisálidas.

Como una mujer ataviada
para repeler al hombre
—así marco las distancias—.
Para no decir aquello que no puede decirse,
para no hablar
a partir de la imposibilidad de hacerlo.

Grita:
—Pero… ¿es que no lo entienden
no pueden entender
que una persona enferma es una persona
diferente?

(resulta que en ese tiempo
ha sido mínimo el caso
que le hemos hecho
y viceversa).

—“Se tiene miedo a cosas”, dijiste.
Pero a qué cosas.
Si serán formas que adopta el miedo
las premoniciones
que a veces se cumplen,
o de verdad premoniciones,
sensaciones regresivas,
moléculas
rampantes.

Pero hay otros fantasmas
como que cuando dices tu miedo
el miedo se cumple…

 —“Se vuelve solo al mismo sitio para recordar”,
dijiste,
y también: “Habrá que separarse ahora”.

Tinta preta, de Eloísa Otero, 7. Escritura subterránea 10:24 pm

 

 
ESCRITURA SUBTERRÁNEA
 
- - -
 
No recrees el pasado, que nunca es lo que parece.
G. ARENAS
 

Durante años he sido la mayor accionista
de tus frases.
Hasta he convertido sus sentencias
en un bonito libro de aforismos.
Pero con tus cartas voy a hacer una libreta
de caligrafías superpuestas.

Una auténtica pócima.
(Lo demás, de momento,
sigue siendo oscuro).

Desde el extremo oeste,
donde me hallo,
no me apercibo de lo que te sucede,
ahora que estás como rara de escribir,
sin contar nada,
y yo sin tiempo para hacérselo (escribir)
a una amiga enorme,
ni siquiera en horas muertas
como ésta,
entre tecla y tecla,
a la espera de que la situación tome verdadero cuerpo
—o falso— y que se clarifique.
 
 

Cuando por fin logro establecer comunicación
con el maclink
tecleo: estás ahí
sin interrogaciones,
espero un rato
la perseverancia será propicia
hasta que la respuesta surge lenta-
mente
en la pnatalla,
por el correo electrónico proliferan las erratas,
con paciencia
descubro este texto en medio de una sopa
de letras
y de signos:
…pero ya no hay palabras… y no sé si estoy
en un tiempo anterior o posterior…
a las mismas
.

Extremadamente difícil resulta hablar
de aquello que tanto nos separa:
hoy tampoco podré contarte
(nada hablado
nada por correo
nada por teléfono…)
innecesarios rodeos los que describen las palabras
para decir las cosas
sin contarlas.

(No te engañes:
el amor no se parece nada a su relato).

“Aquí llueve menos”, reza la postal.
Tal vez sea eso lo que tanto nos separa:
la humedad del enjarbe,
el moho,
ese clima que entumece
los miembros
y reviene el pan.

Fricativas en la boca,
también gruñidos.

Leo:
“La creación fue la única terapia que le alivió
/ la neurosis”

a propósito de Schubert,
el mismo que le puso música
al lied
(:Perdí la calma, el desasosiego
invadió mi corazón)

sabiendo que la música,
como la escritura,
también distrae.

Cuéntale al entusiasta que todo fue
será o es
igual a siempre.
Que si ayer fue nada,
mañana no será
y sobre hoy
puede opinarse
lo que cada cual quiera.
 
 

He visto a V. últimamente
y lo poco que sé de ti lo sé por él,
como antes viceversa.
Del resto, que nada; va bien
y si sigue tirando que no se rompa,
rompí todas las cartas
—pensé: llegó el momento de olvidar
y el olvido estaba en aquella escritura
y ahora toda ella en mi memoria para qué
si así no hay olvido.

Hasta que envejeces y un día ves
el rostro de otra persona en el espejo
(hay quien no sabe que viene de otros
ignora la genética o aún peor
—: se constituye en único—).

En verdad no tengo nada que decirte,
ni siquiera ganas de escenificar (significar)
mi deseo tan real
de gritarle a ese barco allá
en la lejanía:
“¡Llévame contigoooo…!”

Respuesta que trae el cartero:
No te apures.
La vida ya nos obliga a recorrernos
por dentro
de cabo a rabo
hasta dejarnos fuera de juego
cuando topamos con ese otro yo,
el oscuro.

Frialdad y vacío del espejo
donde prevalece la mirada
después del viaje.

Entonces piensas:
yo podría ser cualquiera
de los que en el mundo han sido
son o serán.

La certeza hallada
en esa revelación resulta
tan terrible
como mirar a alguien que se muere
durante muchos días.

…pero reconocer eso es creer en su poder:
el lenguaje que cura las mentes
y los cuerpos
es capaz también de destruir
(las mentes, los cuerpos).
La razón no está ya
del lado del lenguaje.

Misión imposible:
centrarse
en la vida que discurre
como un río revuelto,
remolinos.

Dolmen, mámoa, petroglifo,
el vino en la metreta,
es oscuro el pasado, está seca la saliva.

Los recuerdos se trituran.
Llegó el tiempo de hablar sin ser vistos.

A ver qué le esclareces,
qué imágenes para ilustrar
la historia.
Todavía viviremos tiempos más incómodos
y ni la inocencia
ni las precauciones
servirán de protección.

Dile:
lo que vale sólo para nosotros
no vale nada

el mal, lo malo, el malvado
nos atañe
 
las mayores tempestades
no siempre son las del alma.

 

 

 

Tinta preta, de Eloísa Otero, 8. Tinta china 10:24 pm
A Juan Rafael
 
TINTA CHINA
 
 Un grabado S/T de Juan Rafael
- - -
Hay que evitar asimismo que los versos inscritos asfixien las figuras pintadas.
ZHENG LI
- - - 
 
         
Imagínate a Severo Sarduy conversando con Botero:
—¿Y  por qué dejaste de pintar ese gato?
—Porque se iba convirtiendo en un tigre.
 

Un mapa mudo
indescifrable
para la travesía.

No hay derrotero en la carta
de marear
ni libro que contenga las derrotas.

 

 

Complicidad.
Aparente escritura cuneiforme.
Signo mudo. Pero signo.


Oscurecimiento del significado
donde no hay palabra
y la escritura es silencio
y se incorpora
a la materia.
Fósil.

 

ROBAR LA MIRADA
Cuando la mirada es un viaje
lleno de desatinos:

danza gestual,
sin freno,
del escrutador que no adivina
que sólo lo descifrable
por la mano
sigue siendo tacto,
cicatriz
en la tela,
sutura.


… pero los signos caen del cielo,
son ilegibles sobre el papel de arroz,
enigmas
sin sentido.

(su escritura no es un hecho del lenguaje)

 

Los signos:
esos que brotan
casi por azar,
manchas
de brocha,
perfil de espátula,
se colocan
en un espacio vacío
y la narración es ininteligible,
aunque expresiva.

Necesidad infinita del habla. 


…y ni la lluvia logra embarrar las huellas
de una escritura anterior a la palabra
escritura que nada transcribe ni comenta
inconvertible en sonidos
deriva caligráfica.

 

La voluntad creativa es paciencia.

Díselo al que traza su dibujo sobre la arena
de la duna
y teme al viento,
o al que se expresa con ritmos sujetos
a la petrificación.
No puedo hacerte caso… ¡que se me seca!,
y da unos brochazos rápidos sobre la tela,
aplica la espátula.


Traviesamente tú también te estás pintando ahí,
los mapas interiores,
su código secreto.

Piensa en las maniobras con que se trucan
las imágenes al revelar, por ejemplo,
una fotografía.
Piensa en una mano que acaricia el aire
para morder una sombra
o aclarar una zona concreta del papel
emulsionado.

 

 

Con esa configuración y no otra,
como una piel que devorase
al propio cuerpo:
así elabora el cuerpo de las telas,
—en realidad
donde no hay luz
no hay luz,
y el silencio
se ha disuelto en el vacío.

Paisaje nocturno.
Imposibilidad del discurso.


Con látex improvisa textos invisibles
sobre una pared tatuada
con tinta china:
“rincones prohibidos
dientes muertos
paredes tiesas”.

 

(Labios rotos
boca muda)

 

CUENTA 
        TE
            UN    
                CUENTO

(—No miento, son historias)
y en la tela hay un puente
con hojas de periódico
de gran tirada

maquillaje narrativo,
espejismo semántico.


ÁREA PRESA
Ahora la incógnita está en esa tela blanca
grapada a la pared
donde el azar dibujó una línea quebradiza,
la misma que se repite idéntica
en otras telas
antaño suspendidas,
rebosantes de humedad en el pequeño espacio
donde todo es frágil
hasta la menudencia.
La escritura puede esperar
y se enmaraña.

Desorientación y destrucción de las certezas.

 

Sobre la tela un simple trazo.
Un nudo en una red de conexiones invisibles.

Velocidad de la mirada
hasta reconocer, de pronto,
las formas.


Del vacío silencioso surge
esa pulsión,
sabiendo que el lenguaje
las palabras
ya no son de fiar. De ahí
el mensaje
    invisible
    inaudible
—¿cómo se siente algo que no podemos percibir?—
    insignificante.

 

DESCRIBIR SILENCIOS
Pero la escritura no sólo es un paisaje del que emanan soledades absolutas
como en las cien novelas ilegibles
de Xu Bing
tan bien pintadas
o en sus bonitos libros encuadernados
para ciegos
encima de una mesa
y junto a la mesa una silla y arriba
en el techo
colgando
una lámpara.

Súbito una luz
sobre el oscurecimiento
que atrapó la mirada.

… ¿Y para qué necesita un ciego una lámpara?


A veces sucede:
traspaso el umbral
me cuelo en ese espacio donde el sonido no circula
y el pensamiento es sueño que ni se pronuncia.

 

9. Colofón 9:59 pm
 Dispóis xa non se sabe…
Deica que volvan as brétemas.
 
MANOEL ANTONIO
 
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nº 5 de la colección Traviesas de Poesía
en León, en agosto de 2008 

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Colección Traviesas de Poesía

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Nº 5

 Tinta Preta, de Eloísa Otero

"Los poemas de este libro se pueden reproducir por cualquier medio
siempre que no se haga con ellos propaganda fascista o racista".
Manolo Outeiriño y Rita la cantaora
(Del © del libro É. Editorial Galaxia, Vigo, 2005)

 

ELOÍSA OTERO
 

 Traviesas de poesía